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La
incorporación a la guardería supone para el niño
enfrentarse a algo desconocido, a salir de
su mundo familiar que tan bien conoce y esto en
la mayoría de los casos genera gran ansiedad y
angustia.

Este periodo se va a caracterizar por la
ambivalencia de los sentimientos
contradictorios, mediante llantos, cólera y
sensación de abandono.

La manera en que el niño supere estos retos y
resuelva los conflictos que se le planteen, es
de vital importancia para su futura adaptación
al centro. El ritmo con el que un niño se
adapta, varía según las características
individuales. Esto debe ser respetado y tenido
en cuenta.
Es importante no pretender acelerar
el proceso de adaptación.

A su vez, los padres deben adaptarse
a la nueva situación. La manera en
que ustedes vivan la separación,
influirá determinantemente en la
adaptación de su hijo al centro, por
lo que es conveniente transmitirle
tranquilidad y confianza, nunca
expresar sentimientos de angustia e
inseguridad, ya que podrían resultar
contraproducentes.
Los contactos previos de la familia
con la guardería son de fundamental
importancia para la adquisición de
esa confianza. Es conveniente ir
preparando al niño psicológicamente
para la nueva situación, hablándole
positivamente de la guardería,
haciendo hincapié en los juegos y
demás niños con los que se
relacionará.

Sería recomendable que nos
informaran de fechas concretas y
puntuales. Saber que el niño ha
pasado una mala noche o sufrido
algún conflicto en casa, puede
ayudarnos a comprender las actitudes
y estado de ánimo del niño.
El intercambio de información es el
nivel más importante de la
colaboración de la familia con la
escuela infantil.
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